Mobile perpetuo

Al final de una larga estancia todo termina inmóvil
la luz enroscada entre el alfeizar y las jambas, 
el aire suspendido en el haz luminoso que proyecta
el polvo depositándose en las superficies
el sonido del vacío rebotando en los objetos yermos.

Los tiburones nunca dejan dejar de nadar
desafiando al imposible mobile perpetuo
y las leyes de la termodinámica.

Hay un espacio, un hueco que no alberga la vida
más bien la excluye
la inmovilidad es el objetivo final
la razón misma de la existencia.

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