Ya no puedo acompañarte más lejos

Ya no tengo miedo de que no puedas con las tinieblas
ya no me desvela tu ausencia las noches silenciosas
ya no pienso en lo que hacer, pues la suerte está echada
ya no puedo acompañarte más lejos.
Un hilo te arropa, una nota que suena me habla de ti.
La mirada dispuesta, los mimbres preparados.
Una mujer hermosa, sin puertas, un manojo de nervios revolucionarios.
¡Qué se prepare el mundo!
¡Que tiemble cada una de las frutas maduras de todo lo que ya no vale
la razón, la fuerza, cada señal invariable, cada rayo!
Ya no puedo acompañarte más lejos,
hace años te escribí un poema
luego otro, varios, tantos como años que cumplías
y el tiempo fue girando en nuestras manos, nuestras cabezas
como gira la vida alrededor de un árbol
y ahora discutimos,
a veces discutimos cómo puede ser que se curve el tiempo
que nos busque la espalda, que nos empuje inmisericorde.
Me gusta cuando te ríes,
cuando traspasas el espacio que te ata.
Yo no puedo acompañarte más lejos, salvo que me monte en tus ojos
para poder mirar de otra manera
otras cosas.
Me gusta cuando ríes y entonces el mundo se pone a tus pies.
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