Maldigo las leyes

Maldigo las leyes
las no escritas, las evidentes, las que emanan y las que subyacen
las leyes de los hombres, de las ciudades
maldigo las leyes
sus límites e imposiciones, cada uno de sus rincones y sus largas avenidas
maldigo las leyes de la naturaleza
las de la física, las leyes inmutables de la materia y sus condiciones
maldigo cada una de la leyes que nos rigen
que nos imponen, cada gota que cae sobre nuestras conciencias
sobre la  piel desprotegida, sobre los huesos, sobre los ojos abiertos
maldigo las leyes,
y el viento me recuerda el ansia de mar, de espacios abiertos, anárquicos,
la sola brisa en mi espalda sugiere viento y velas y habla de volar
trascendencia eterna e imposible; el desierto inabarcable y caótico.
Maldigo las leyes que nos permiten vivir
así
maldigo las leyes que nos obligan a vivir
así
atados a un algoritmo
así
circunscritos a un perímetro
infranqueable, dibujado con una línea invisible escrita en un papel
en un papel dentro de un libro
en un libro en medio de un anaquel, dentro de una inmensa biblioteca
sostenida por leyes
que yo maldigo.

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