Adios innecesario

Te has acostumbrado tanto a mí
que ni siquiera me reconoces.
Parte del paisaje
del ruido de fondo
de la sensación próxima
la costumbre inveterada
la mirada que no ve
la mano que no roza
los labios que no sienten.
Te has acostumbrado al dolor con naturalidad.
Como un enfermo en el término
drogado
con la morfina en las entrañas.
Te has acostumbrado al ruido de mi silencio.
Y ahora ¿cómo me oirás cuando te deje?
¿cómo sentirás tu herida?
¿cómo reconocerás la ausencia?
si ya hace tiempo que no existía.