La piedra que no ama

Me recuerdo mirándome en tus ojos marrones
buscándome en lo más profundo de tu mirada
escudriñando la posibilidad remota de que me quisieras.
Ahora no tengo anhelos que no pueda satisfacer
ni siquiera el deseo de dormir sobre tu regazo
deshojo la margarita del tiempo con tal parsimonia
que adormezco la ira, el inmenso dolor de la pérdida
masticando el silencio como coca.
Me recuerdo esperándote sentado en el muro de piedra
horas y horas para verte pasar solamente un instante
hermosa, tan hermosa como pasa una diosa entre la jara
tan distante mientras me rozabas, que notaba el abismo en cada pliegue.
El tiempo ha seguido quebrando la piedra granítica del muro de la espera
de forma imperceptible
segura
implacable.
Por eso la piedra no te recuerda ni se mira en tus ojos marrones
ni te ama
ni te anhela.