Bodas de Sangre

Ir al teatro siempre es fantástico. Me fascinan los actores, también los músicos y siento un respeto enorme por quien se sube a un escenario y es capaz de ofrecer lo mejor de sí mismo sin trampa ni cartón. Luego hay veces que el resultado es bueno y hay otras que no lo consigue; siempre respeto y envidia por quien lo hace.

Ir al teatro siempre es una fiesta. Cuando lo haces con buenos amigos como Mara y Jose es además un reencuentro y otro motivo para la alegría.

Ir al teatro siempre es relevante y lo es en otro sentido mayor cuando puedes saludar a Óscar y disfrutar de su magia con los sonidos.

Ir al teatro siempre es una gozada. Si además tienes la ocasión de poder hablar después con mi admirada Claudia Faci que acaba de representar a la muerte en Bodas de Sangre con una maestría que deslumbra y en este caso, sí, a pecho descubierto, entonces la gozada es de un nivel superior.

Ir al teatro siempre alimenta el espíritu, porque toca la fibra que debe vibrar para que la vida se manifieste realmente allí donde vive «en los adentros» y si la obra está dirigida por Pablo Messiez, lo más fácil es que la vibración del acto teatral realmente te conmueva.

Ayer me ocurrió todo eso y junto con Raquel, disfruté de Bodas de Sangre (Federico García Lorca 1931) en la versión de Pablo Messiez. Leí en alguna de las crónicas sobre la obra, que Pablo nos invitaba a asistir como si fuera la primera vez, y en mi caso fue sencillo, pues de hecho era la primera vez que asistía a su representación. El resultado es deslumbrante. La obra va creciendo a cada paso, ganando intensidad y profundidad y llegando al límite cuando Gloria Muñoz recoge el cuerpo fallecido de su hijo y nos espeta a todos. Carmen León recita Cielo vivo, magistralmente y nos deja en el alma la necesidad de releer Poeta en Nueva York. Francesco Carril (Leonardo) se agranda dialogando con su novia arrebatada y explicando el meollo de la cuestión: el deseo contra las normas y lo que es un mensaje más potente, la imposibilidad de luchar contra el destino que ese deseo encierra. En el resto del elenco Carlota Gaviño se muestra algo insegura con algunas escenas mientras que Guadalupe Álvarez nos regala un enorme Vals de Leonard Cohen basado en el poema Pequeño vals vienés  de Lorca,

Dejo a parte a Claudia que una vez más es capaz de llenar la escena con su cuerpo desnudo, representando a una muerte convincente que nos interpela sobre el miedo. Grande y mucho más en su monólogo de Luna. Con Claudia no soy imparcial ni lo quiero.

Ir al teatro siempre es una aventura, ahora y hasta el 10 de diciembre en el teatro María Guerrero es una aventura deliciosa

Cielo Vivo

Yo no podré quejarme
si no encontré lo que buscaba.
Cerca de las piedras sin jugo y los insectos vacíos
no veré el duelo del sol con las criaturas en carne viva.

Pero me iré al primer paisaje
de choques, líquidos y rumores
que trasmina a niño recién nacido
y donde toda superficie es evitada,
para entender que lo que busco tendrá su blanco de alegría
cuando yo vuele mezclado con el amor y las arenas.

Allí no llega la escarcha de los ojos apagados
ni el mugido del árbol asesinado por la oruga.
Allí todas las formas guardan entrelazadas
una sola expresión frenética de avance.

No puedes avanzar por los enjambres de corolas
porque el aire disuelve tus dientes de azúcar,
ni puedes acariciar la fugaz hoja del helecho
sin sentir el asombro definitivo del marfil.

Allí bajo las raíces y en la médula del aire,
se comprende la verdad de las cosas equivocadas.
El nadador de níquel que acecha la onda más fina
y el rebaño de vacas nocturnas con rojas patitas de mujer.

Yo no podré quejarme
si no encontré lo que buscaba;
pero me iré al primer paisaje de humedades y latidos
para entender que lo que busco tendrá su blanco de alegría
cuando yo vuele mezclado con el amor y las arenas.

Vuelo fresco de siempre sobre lechos vacíos,
sobre grupos de brisas y barcos encallados.
Tropiezo vacilante por la dura eternidad fija
y amor al fin sin alba. Amor, ¡Amor visible!

Edem Mills, Vermont. 24 de agosto de 1929.

 

REPARTO
Guadalupe Álvarez Luchía, Pilar Bergés, Francesco Carril, Juan Ceacero, Fernando Delgado-Hierro, Claudia Faci, Carlota Gaviño, Pilar Gómez, Carmen León, Gloria Muñoz, Julián Ortega y Estefanía de los Santos.

EQUIPO ARTÍSTICO

Federico García Lorca (Texto), Pablo Messiez (Versión y Dirección), Elisa Sanz (Escenografía y vestuario), Paloma Parra (Iluminación), Óscar G. Villegas (Espacio sonoro) y Javier L. Patiño (Ayudante de dirección).