Reivindico nuestra fe

Nací en 1959, así que conocí la dictadura, juré la bandera de un ejército al que detestaba, participé en la transición, milité en sindicatos, partidos y organizaciones sociales,  y hoy como muchos de mis amigos y conocidos tengo hijos que han absorbido gran parte de mi esfuerzo de los últimos años. Los hemos educado en medio de una tormenta de malos augurios sobre la falta de valores, lo muy necesario de que el estudio entre con esfuerzo, de que la libertad es peligrosa para los jóvenes. Lo hemos hecho en colegios públicos mientras otros se jactaban de tener centros de mucha calidad que costaban mucho dinero, hemos tenido que ver como se maldecían nuestros intentos de acabar con la enseñanza religiosa, hemos aguantado los debates sobre lo mal que lo pasaban nuestros hijos al tener que convivir con emigrantes que retrasaban su natural desarrollo, hemos capeado las ideas de que sería bueno separar a los más inteligentes de los otros, hacerles aulas para ellos, colegios para los excelentes. Hemos sufrido el embate idiota de los informes PISA, los exámenes para demostrar que los colegios religiosos son mejores. Hemos aguantado un enorme chaparrón ideológico sobre lo inútil de la progresía, la caducidad de nuestras ideas, la obsolescencia de lo hippie, del comunismo, de la división entre izquierda y derecha. Hemos tenido que sufrir el envite de una «derecha sin complejos».

Ahora por fin vemos a nuestros hijos, a los jóvenes que hemos educado en los valores de la solidaridad, de la crítica, de la honestidad, de que lo importante no es ser ingeniero o abogado o estudiar para ser rico, dar una lección al mundo de cómo se planta cara a un sistema obsoleto y organizado para mantener la desigualdad como un parámetro indiscutible. Reivindico nuestra fe y nuestro trabajo como padres y el orgullo que hoy sentimos los que les vemos alzar la voz para decir que esto ya no va a continuar así.

Teníamos razón.

40.744857-3.794316