Menudo paripé

Últimamente escribo poco y esa debe ser la razón para que el promedio de visitas a este blog haya aumentado sustancialmente. Voy a romper la racha. Mientras preparo mi próximo viaje, la semana que viene, a Zaragoza y una vez empezada la campaña electoral, no me resisto a comentar el asunto Bildu, que ha movido las últimas horas políticas y que previsiblemente va a calentar los siguientes días. Dicen los calés cuando quieren hacer un trato, hacer una paripé y los payos usamos el término para referirnos a un fingimiento hipócrita. ¡Menudo paripé lo de Bildu! El PP tirando de la cuerda del pacto anti terrorista, consciente de que agitar el odio le da votos y con escaso interés por un futuro en paz para todos, el PSOE haciendo como que sigue la corriente para poder fingir que ellos han hecho todo lo posible, policía en mano, rebuscando en los arcones del espionaje y un montonazo de jueces, magistrados y demás togados, haciendo como que discuten de leyes, mientras todos vemos como dirimen las cuestiones políticas firmemente anclados en las posiciones de quienes les eligieron dedu legalis.

No había por donde agarrarlo. Después de años diciendo en plan farisaico que cualquier idea se podía defender sin violencia, ahora resultaba que quienes se desdicen de su pasado sangriento y viran a una lucha sin sangre, no podían presentarse a las elecciones por tener un pasado. ¡Cómo si eso en España hubiera sido un obstáculo democrático! La semilla del diablo de la ley de partidos ha crecido hasta convertirse en una asfixiante madreselva que amenaza con comerse unas cuantas de las libertades fundamentales del país. El derecho a elegir y a ser elegido. La doctrina de la contaminación, de no haberse dado la sentencia del Constitucional, iba camino de acabar con derechos de cientos de miles de ciudadanos y solo el miedo a ser llamados al orden por un tribunal europeo ha metido en cintura a los próceres del tribunal. Me sigue pareciendo inverosímil como admitimos tener instituciones como el Tribunal Constitucional, el Supremo, la Audiencia Nacional y el Consejo General del Poder Judicial absolutamente alejados de las urnas, respaldados por una legalidad de tercera derivada, endogámicos y carentes de conexión popular.

Vivimos un retroceso democrático que se acelera cada día y las próximas elecciones municipales pueden ser un hito para una derecha que se relame del botín sensu estricto en muchos casos. Allí donde la corrupción ha sido moneda corriente, los ciudadanos parecen preferir con fruicción al felón antes que a cualquier otro y mientras los amos del mundo celebran los asesinatos con festejos callejeros, los políticos locales, en el caso más gallardo callan y en la mayoría palmean vergonzosamente.

Iré a votar a las elecciones locales y votaré para mi pueblo y para mi comunidad, sin miedo y sin hacer cuentas. Quizá esté todo perdido, pero no me doy por vencido.

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