Marcos Ana

Lo bueno de viajar por Europa, con sus largas escalas, sus horas perdidas, es poder leer. Hacía tiempo que había perdido la costumbre y en este viaje a Alemania he aprovechado para leerme y llorarme el libro de Marcos Ana, Decidme cómo es un árbol. Os lo recomiendo. Luchador antifranquista, comunista y encerrado más de 30 años escribe al ver llorar a su compañero de prisión Miguel Vázquez.

Ya sabéis que a mí las losas

me han gastado hasta los huesos

del corazón,

pero ver llorar a un hombre

es algo, siempre, tremendo.

Y este preso no es un árbol

que se ha roto. Sigue ileso.

Pero de pronto ha venido

«todo lo suyo» a su encuentro

en esta noche tranquila..

Con su dolor en mi pecho

le miro. No puede verme.

Su mirada está muy lejos,

sus ojos cerca, llorando

tan suave, tan hondamente

que apenas si mueve el aire

y el silencio.

Un «alerta» le estremece.

(Por el patio

se oye cruzar el relevo)

Antes contaba: «Era muy triste ver el sacrificio de las madres, de las esposas, de las novias, pegadas como enredaderas a las puertas de las prisiones, durante años y años, con una lealtad inmarchitable.»

Y uno ya no sabe si lo que hace está a la altura.