Un objetivo obsesivo

La derecha considera que España es de su propiedad. Durante décadas así ha sido, con su cosas, sus casas, su paisaje y su paisanaje. La democracia ha trastornado este fantástico landscape salpicando la escena política con pasajes en los que la socialdemocracia acobardada ha gobernado. Recuerdo esos primeros años en los que en mis visitas a la muy derechona Santander mi familia me preguntaba por la gran inseguridad ciudadana, producto, como no, de la democracia. Luego el paro consustancial con los sociatas. Revivir la sensación de descontrol, que como todos sabemos justificó el frustrado golpe de estado de Franco y la posterior guerra contra la República, es un arma que siempre da buenos frutos. La izquierda es el caos, el paro y la violencia. Aznar acabó con aquellos años de oprobio y cuando solamente quedaba repetir la jugada se cruzó el 11M y los miserables días posteriores en los que los patéticos portavoces de la derecha demostraron su inmoralidad y su incapacidad y que terminaron acabando con el sueño de la reconquista.  No sólo. Como secuela quedó un líder gris, diletante que no se quiso descabalgar, apoyado en barones firmemente asentados en una ciénaga de corrupción. Madrid es la joya, conquistada a base de traidores.

No pueden más. La legislatura se les hace larga, inmensa, desesperadamente eterna y empiezan a hablar del caos, del horror, de las masa empobrecidas. Necesitan tomar el poder de nuevo, como sea y ese es ahora el objetivo, a su lado la iglesia, como siempre.

Compartir :

Haz un comentario