Oviedo

Oviedo, el centro de la ciudad, es un conglomerado de plazas y plazas alrededor de la catedral. Plazas agradables para  el paseo. He tenido la sensación de que Vetusta se mostraba como Clarín la veía, aunque me ha faltado el contacto con los ovetenses para ver si las malas artes que les atribuye en La regenta siguen siendo.

Procesión mínima con dos pasos y muy buena comida que se acompaña estupendamente de sidra natural tirada con maestría por una camarera sudamericana que no parece haber sucumbido a la imposibilidad de la integración.
Demasiadas esculturas con personajes literarios. La visita obligada a San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco que te permite no sólo contemplar dos edificios prerrománicos singulares, sino Oviedo desde el aire, remata un paseo por Asturias agradable.

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