Por la boca muere el pez

La mujer del rey ha hablado para dejar claro lo que todos sospechábamos, que es una carca de tomo y lomo, como no puede ser de otra manera, para una representante de tan arcaica y retrógrada institución. Anomalía democrática le llaman algunos.

Sofía se ha confesado a una periodista de la caverna nacional-católica por motivos que aun los enterados de la cosa regia no alcanzan a entender. Los progres de media tinta están escandalizados de oir lo que no querían oir y se quejan con la boca amargada por el desaire de la consorte monárquica que tanto defienden; porque los socialistas beben los vientos por estas rancias instituciones y se convierten a la primera de cambio en firmes defensores de todas ellas sin distinción y a mi juicio sin el más mínimo criterio. La derecha sin embargo está encantada. La derecha siempre fue antimonárquica, al menos de estas monarquías no absolutas. A la derecha le gusta más Puttin, dictador tuneado de demócrata que estos reyes de poca monta que no se suman a la pelea contra la historia.

Yo estoy contento de oirle decir a Sofía las derechadas que se ha marcado. Mejor saber que permanecer ciego. ¡Qué se sepa! Propongo una columna en el muy monárquico diario El País en la que la doña nos siga contando sus más íntimos recovecos mentales, justo allí donde Haro Tecglen nos deleitaba con sus comentarios anarcolibertarios. Así. Para que se note el cambio.