Juegos olímpicos

Los juegos olímpicos, a parte de divertidos y de ser una enorme máquina de hacer dinero y por supuesto saliendo de todas esas paparruchas sobre la familia olímpica, el espíritu, la hermandad y babosadas varias, son una muestra del poderío de cada estado. Lo saben bien los chinos que han apostado fuerte por hacerse con el mayor número de medallas y lo saben los estadounidenses que cada cuatro años desde hace muchos, demuestran quien manda en el globo. Los rusos como no van a poder en el medallero han decidido invadir otro país, que como muestra de músculo militar no está nada mal; medalla de oro.

Los juegos olímpicos son una muestra más del nacionalismo, envueltos en épica y a cámara lenta. Todo ocurre a cámara lenta para que cada instante nos parezca eterno, cada gesto sea realmente fantástico, por eso me hace gracia encontrar en el equipo español montones y montones de apellidos que no recuerdo haber visto ni en Salamanca ni en Tierra de Barros, apellidos con w, apellidos en los que las vocales se han perdido por arte de magia. Algún bienpensanete podría deducir que es el producto de esta enorme masa migratoria que nos viene en cayuco o en Airbús 320 pero se equivocaría, estos queridos compatriotas pertenecen al grupo de bandera de conveniencia. Me gustan, me parece que revientan el espíritu olímpico y eso es interesante, aunque luego como buenos atletas, seguro que serán más de derechas que Esperancita. Si, los atletas son de derechas.