Serbia

Los serbios se miran a los ojos cada vez que brindan y lo hacen con cierta frecuencia, bien con rakia o con cerveza. En ese gesto intentan saber por tus ojos si mereces la pena, si eres de fiar o si tendrán problemas contigo. No sé cuantas veces serbios, bosnios, croatas y demás yugoeslavos se habrán mirado a los ojos y en el fondo de sus retinas habrán visto que había un poso de odio.

Serbia es un país llano, muy llano, que trata de salir del mal bache de sus guerras con los vecinos, de los bombardeos de la OTAN que aun se reflejan en algunos edificios de su capital, la ciudad blanca (Beograd) y de la borrachera de Milosevic y sus secuaces. Branco una vez me dijo que la culpa de las guerras las tuvieron los habitantes de los pueblos y yo he estado unos días con ellos y pudiera ser que fuera verdad, pero no vale refugiarse en ello sin constatar que los jóvenes de Belgrado o de Novisad vivían de espaldas a todo lo que se cocía en esa inmensa llanura llena de maíz.

Miodrag y Milanka nos han acogido en su casa de Mayur cerca de Sabac y nos han dado todo, su cama, su ropa, su comida y su cariño, así cada vez que en el desayuno, Mikitxa me miraba a los ojos para brindar con la pequeña copa de rakia, yo deseaba demostrar que soy una buena persona. En tan pocos días no se conoce un país, apenas una escapada a Bosnia, visita a Novi Sad y paseo por Belgrado no son suficientes para sacar grandes conclusiones. Llaman a Europa pero no quieren arrodillarse, me lo dijo Mikitxa y sé, porque lo he visto en sus ojos, que no debemos hacer que se arrodillen. No se lo merecen.