Y yo sin saberlo

Ayer me encontré con Tito con quien tanto compartí y con quien tanto peleé políticamente. Hacía algunos años que no nos veíamos y se acercó a saludarme y a preguntarme por mi salud, «que me han dicho que has estado enfermo..» Dudé un instante y aunque es verdad que ningún médico me ha diagnosticado mal alguno, tengo que reconocer que he estado enfermo de tristeza, de decepción y que me ha costado salir del agujero de la incredulidad. Le dije que estaba recuperado pero que apenas bajaba por el pueblo (secuelas) que hacía vida de hermitaño.

Me confesó que él tampoco aparecía. Yo me he desenamorado, le dije. Sí yo también, de este y de todos los pueblos donde la proximidad o la pequeñez hacen salir más mezquindades de las habituales.

Coincido con su diagnóstico y es por eso que hace un tiempo le dije a Raquel que me atraía el mudarme a Madrid. Tengo la sensación de que se acaba un ciclo.