Tortilla de cebolla

Hay veces que el ánimo no está para muchos trotes, sea por lucidez o simplemente porque todo tiene un límite. Sea la causa la que dios quiera lo mejor en ese caso es hacerse con media cebolla, un par de huevos, un poco de aceite de oliva y sal.
Con estas armas y aprovechando la situación pelamos la cebolla lo que nos permitirá llorar un rato con disculpa incluida, la lavamos bien y la cortamos en trozos pequeños. A partir de aquí todo es cuesta abajo; se fríe la cebolla en una sartén a fuego muy lento y mientras batimos en un cuenco los dos huevos. Yo prefiero batir primero las claras y luego las yemas, pero si el ánimo no da para tanto, basta batir todo junto. Cuando la cebolla este blandita, hay que escurrir el aceite y añadir los huevos, dejar que se cuajen y se doren por un lado y luego darle la vuelta o como si fuera «a la francesa» doblarla sobre si misma, envolverla.
A mi me gusta tomarla con un vasito de vino tinto, si puede ser de la Rioja baja, mejor.