Seguir vivos

He pasado el fin de semana en la laguna blanca de Ruidera en una casa en medio de las carrascas. La vida saltaba de entre las piedras, un paisaje rotundo, una sensación de paz que no es fácil encontrar, la que transmite la naturaleza cuando se muestra en todo su apogeo, cuando la mano del hombre apenas si ha roturado la tierra. A la vuelta me han llamado para decirme que Yolanda ha muerto y me ha parecido que 17 años no son suficientes, que cuando la muerte golpea a destiempo resulta incoherente, antinatural y lo más difícil de todo resulta incomprensible para los supervivientes.

Pasa muchas veces que la moneda muestra las dos caras al tiempo, porque seguramente no podríamos entender lo uno sin lo otro y al final casi no entendemos ni lo uno ni lo otro.

Llorar es el consuelo y la obligación, seguir vivos.