Adios a ratos

Había pensado llevarte flores, de esas amarillas y rojas que te gustan y que como no sé su nombre tengo que buscar entre los puestos de las Ramblas. No me fue posible, al final, con unas cosas y otras interesado en encontrar algo para las niñas y apurado por el tráfico tan espeso de Barcelona lo único que me dio tiempo a comprarte fue un ejemplar de viejo del Poeta en Nueva York en la librería Canuda y en él releí el nocturno de Brooklyn Bridge:

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros

Menos mal que no te compré las flores. ¡Qué difícil te habría sido decirme adiós! largarme de tu vida de un plumazo. Ninguna de las mentiras que me contaste para justificar la decisión merecían un ramo de gerberas. Mejor el libro donde se podía leer:

No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.

Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!