Perseidas

Salimos de marcha nocturna en busca de las perseidas, recordando a María y su empeño nunca alcanzado de ver una lluvia de estrellas en condiciones. Desde Canencia hacia el Mondalindo en compañía de Jamie y Begoña y unos cincuenta ruidosos amigos de Miraflores y Bustarviejo, que terminaron por deslucir la noche. Después de más de una hora de camino, asomados al balcón desde el que la barbaridad lumínica de Madrid se hace más patente, nos tumbamos para ver, muy de vez en cuando, una fugaz. Me hubiera quedado a dormir en aquella loma y a escuchar el violín de Jamie, que subió a lomos y que no tuvo ánimo de usar en medio de la marabunta.