Una de dos

Hasta cierto punto las cosas que nos pasan tienen sentido, están precedidas de nuestras decisiones, o se comportan como consecuencias lógicas de las cirunstancias más cercanas y en algunos casos de influencias apenas perceptibles pero reales. No siempre lo parece, quiero decir que a veces la sensación que nos golpea tiene más que ver con el sentimiento de incredulidad, con la sorpresa de que lo que ocurre es inesperado, innecesario, inconsecuente. Me inclino a pensar que es una sensación debida a la falta de precisión. Dos puntos muy pequeños, separados por milésimas, por micras, a simple vista nos parecen uno solo. Así los hechos, acontecidos de golpe que parecen inconexos con lo que debiera ser, mirados al microscopio del análisis personal resultan conectados, evidentes, sencillamente consecuentes, solo que de vez en cuando, solo de vez en cuando, notamos un chasquido, no un ruido, sino más bien un temblor interior y durante una parte infinitésima de nuestra vida sentimos que el cordón de lo previsible se rompió y que por lo tanto el resto de la vida dependerá de otra lógica distinta, quizá más amable, pero a lo peor feroz y agresiva. Luego seguimos viviendo como si nada porque eso es la supervivencia, no tomar en serio ni lo que es, ni lo que lo parece.