La lucha

María, mi hija se ha dado de bruces contra el muro que supone la derecha madrileña. Hace unas semanas me pidió permiso para afiliarse al sindicato de estudiantes y ayer hizo huelga contra lo que era un borrador de decreto de régimen disciplinario y que a su modo de ver (y al mio también) es una fascistada más de Esperanza Aguirre. La huelga fue un éxito y María acudió a la manifestación donde un millar de jóvenes bocearon a la derecha madrileña. La experiencia resultó enaltecedora para ella, hasta que descubrió que lo que hasta entonces era borrador se había convertido en decreto, que el consejero decía que los que no habían ido a clase era por hacer pellas y que los medios de comunicación o les ignoran o les atacan.

Por la tarde me tocó explicar que la lucha es siempre así, que su bando es minoritario, que la derecha es despiadada y que si cree que tiene razón, que se siga juntando con sus compañeros y preparando la próxima acción. No sé si resulté convincente, ella lloraba desconsolada y no entendía porqué el resultado de la lucha era un retroceso. ¡Me he sentido tantas veces como ella! que no se si habrá entendido lo que le quise decir.

Gijón es una ciudad muy agradable. Desde el Molinón, no el estadio, sino el viejo molino donde estuve hospedado, me acerqué a pasear por la playa de San Lorenzo hasta llegar al barrio antiguo donde hubo que dar cuenta de varias botellas de sidra que finalmente acompañé de un chuletón con patatas y la charla amistosa y agradable con mi compañero de viaje. Vuelta nocturna por el paseo y salida por los túneles bajo la cordillera hacia los barrios de luna. Parada en Medina del Campo a comprar vinos blancos de la zona y a comer, en este caso un arroz negro espléndidamente guisado y una carrillada de ternera con patatas, después cruzamos el Guadarrama por otro túnel y el reencuentro con este Madrid secuestrado por la derecha. Dan ganas de emigrar.