Acompañar en el sentimiento

Tengo la sensación de que las horas pasan con tal lentitud que es posible que estemos llegando al final de la expansión del universo y estemos a puntito de empezar su contracción y por lo tanto la vuelta atrás hasta llegar al big bang de nuevo. Debe ser solamente aburrimiento.

Te acompaño en el sentimiento. Es una fórmula tradicional para cuando acudimos al entierro o al velatorio. Hace poco una compañera me comentaba que había huido de tener que acudir a una cosa así por el embarazo que le producía la situación; es jóven. Ley de vida. Con el tiempo nos vemos más en la tesitura de acudir, de abrazar a los amigos cuyos padres fallecen, conocidos o compañeros a los que transmitir las condolencias y en parte este acto es uno más del proceso de maduración. En mi época de concejal me tocó acudir a muchos. El roce con la muerte y los cementerios es parte del aprendizaje. He visto muchos muertos, más de los normales, creo yo, para un hombre de ciudad sin especiales connotaciones bélicas, pero por alguna razón, descontando los cadáveres de la universidad, tan frios, tan muertos, tan cosificados, creo que mi ración de muertos es algo abultada. No era el tema. «Lo siento». Suele ser la fórmula que utilizo con más asiduidad para demostrar mi cercanía, eso y preguntar sobre el ánimo ¿cómo estás?. ¡Qué obviedad! En esos momentos tremendos en que el acompañado llora, simpre pienso en que una vez dicho debería acompañar, sensu estricto en el sentimiento, debería sentir el dolor, debería llorar o sentirme desconsolado. Muchas veces es así, otras no, la fórmula es cortés pero no es auténtica, esto lo ejemplificaba un buen amigo, ya fallecido, que contaba el chiste de quien en el velatorio siempre saludaba: Le acompaño en el sentimiento y añadía: ¿quién se queda con la burra? Me despisto, de lo que quería hablar es de como enfrentarnos a ayudar a quien sufre, o a quien nos parece que lo hace. Acompañar es buen camino, tocar fondo con él y luego salir a flote.