Amanece muy despacio

La derecha marca el calendario político, me dijo Javier; hace meses, replico; hace años, no lo ha dejado de hacer nunca y se desata un chorro de agravios sobre la imposibilidad de ver avanzar el país de una forma razonable. Él piensa que en el fondo todo es una cortina de humo que no nos deja ver lo que verdaderamente importa, el futuro. La derecha se empeña en una mirada hacia atrás constante. Javier sin embargo se preocupa por los cambios que tendrá la vida si el deterioro medioambiental continúa, el abuso de las fuentes energéticas, la imposibilidad de repartir lo que hay de una manera razonable entre todos. La derecha aprieta a fondo el acelerador del odio y lo hace aplicando la máxima de Aznar de hacerlo sin complejos, apelando a la españolidad más antigua, más cercana a Franco, esperando que el PSOE se agobie de tal manera que de su brazo a torcer y convoque elecciones generales. Mientras el diario «el mundo» apaga el altavoz de la conspiración hasta mejor momento y los demás nos quedamos mudos, estupefactos, viendo como se permite que cualquiera levante un muro de mentiras sin que pase nada.

Amanece suavemente en Madrid después de una noche en la que la luna nos ha regalado tantos tonos de rojo que parecía un caleidoscopio. Espero la llamada de mi hija desde Italia y me preparo para cocinar algo que consiga ocultar el sabor amargo de la incomodidad.


Pocoapocolavidaseenlaza,semezcla,seretuerce,selia,esenmarañacomotumelenaporlasmañanaslohaceentremisdedos.

 

Lalunarojaenelcielonosobservacambianteyenlatierramientrastantotodoseencadenadeunamaneraoirritanteyconfusa.