Para gustos: los colores

No ha gustado, está claro que no ha gustado el nuevo estilo de este cuaderno. Lo he notado al principio sutilmente, por alguna pregunta dejada caer de forma distraída, preguntas retóricas, con mochila que le digo a mi hijo; después los comentarios, los reproches puros y duros, cristalinos y por último el silencio. Por esta vez me quedo en minoría y no cambio.


En otro orden de cosas, las elecciones municipales y autonómicas llaman a la puerta. El último avance del CIS y la encuesta semanal de la SER apuntan a que en contra de lo esperado-deseado por muchos el PSOE mantiene la cara y hasta IU mejora sus raquíticos puntajes. Algunos lo achacan al nuevo ministro de justicia que se ha mostrado desafiante, batallador como lo fue Guerra en su momento. No lo creo. Me inclino por el detalle de la malísima valoración que Rajoy cosecha ante los ciudadanos. Cada vez que la derecha ruge, la izquierda se despierta de la siesta. La derecha está rugiendo como un hipopótamo herido. Lleva meses. Pedro hacía bromas sobre el estilo Rajoy y me comentaba que Peridis era quién mejor lo había calado, el que atinaba más en la descripción; seguro que tiene razón; no puedo valorarlo del todo pues no compro el País. A mi Rajoy me parece un jeta, un hombre con pocas ganas de casi todo, un vividor metido a su pesar en representar a la derecha. Con todo y eso lo malo no es su imagen, lo malo son las compañías, como siempre. Los lugartenientes que le flanquean con tanto descaro, con tanta desvergüenza que el cuadro se afea.
Quedan tres meses, y cada día que pasa el regate se hace menos posible.