Analogías

Dicen los que saben de esto que el carácter se conforma en los primeros años de la vida; incluso hay quien defiende que los nueve meses de vida intrauterina son los fundamentales en este proceso y por eso algunas, como mi profesora de Francés en el instituto, Virtudes, se jactaba de poner casetes en la barriga a su futuro hijo para que viniera ya aprendido y no perdiera tiempo como hacíamos nosotros repitiendo la historia de «la vielle maison du pérè Simon». Virtudes estaba muy desequilibrada, lo que no obsta para que tuviera razón y con el paso de los años he sido consciente de que su desequilibrio no se produjo en el vientre materno sino aguantando a 30 auténticos canallas día a día. Recibirla con los bancos mirando al fondo de la clase para demostrarle nuestra falta de interés, fue absolutamente demoledor para su frágil moral.

Los días se me asemejan a las personas. Los primeros minutos son fundamentales, quizá el último sueño de la fase rem lo sea también; si algo se tuerce entre la cama y la calle la tendencia es que el día sea un crescendo de problema alimentados en gran parte por nosotros mismos. Así me pasó a mi ayer. Por suerte los días se acaban y los contadores se ponen a cero con cada ocaso. Hoy por fin ha nevado y es posible que nada se tuerza antes de empezar a trabajar.


Se vaticina que en pocos años la vida media de los seres humanos se acercará a los 100 años. Poner esto en solfa para la gran mayoría de la población. La creencia más extendida y con más sustento científico es que esto se debe a una mejor vida, a los avances científicos y a la extensión de las prestaciones sanitarias. Las percepciones generalizadas, incluso las que tienen base científica no siempre son las buenas y aunque no quiero ser más listo que Nobel me atrevo a aventurar que la longevidad tiene más que ver con dos parámetros profundamente humanos como son el deseo de entender y la obstinación ante el fracaso.

Comentaba con Eles no hace mucho que a estas alturas de la vida nos resulta agradable entender, aprender cosas que de jóvenes no fuimos capaces. La falta de presión, la voluntad, y la capacidad de discernir los fundamental de lo accesorio, nos ayudan. Y en este discurso se me ocurría que lo que nos queda de vida nos puede dar alguna clave sobre las preguntas fundamentales y nos puede aproximar a la felicidad. (Ya sé que este término es confuso, pero nos vale como lugar común sobre el que entendernos). Cada pista nos lleva a otra y fuera ya de la conversación me pareció entender que el ser humano utiliza su vida fundamentalmente en intentar entender el sentido final de todo. Al principio resultaba realmente sencillo y la vida de nuestros antepasados primigenios era realmente corta; con el paso del tiempo, todo se ha complicado y a estas alturas la humanidad necesita un promedio de 80 años para conseguir cierta luz y poder morir con la tarea cumplida. En unos años llegaremos a los 100 para entender y mucho me temo que la carrera es infinitesimal y no puedo separar de mi cabeza la imagen de mis descendientes con una edad de 200 0 250 años, absolutamente perplejos.

Longevidad, complejidad e incomprensión se me antojan unidos por algún vínculo.

Por fin nieva.