No estamos todos, faltan dos

Ayer estuve en la manifestación que hubo en Madrid contra ETA. Desde la guerra de Irak no participaba en manifestaciones y me alegro de haber secundado la iniciativa de Raquel.

Mucha gente y bastante tranquilidad; grupos de ecuatorianos con sus banderas en forma de capa, gorras de visera y en algún caso incluso vestidos con sus trajes indios. Apenas se vieron pancartas y una vez más me pasó que al ir avanzando entre los manifestantes y los distintos grupos que se hacían notar, fueron los comunistas de UCE quienes me llegaron más al alma con sus gritos de: ¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad!otra vez gritando ¡No pasarán! En general las consignas se ciñeron a las apelaciones contra ETA aunque no faltaron gritos preguntándose por Gallardón, la presidenta y los obispos. El abucheo a Tele Madrid fue también sonoro como pocos.

El final de la manifestación fue triste para mi. En recuerdo de los dos muchachos asesinados bajo toneladas de hormigón, un grupo ecuatoriano cantó la vasija de barro de Gonzalo Benótez y Luís Alberto Valencia
Yo quiero que a mí me entierren


como a mis antepasados


en el vientre oscuro y fresco


de una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda


tras una cortina de años


vivirán a flor de tiempo


amores y desengaños.

Lo que me transportó no solo a la tristeza por los fallecidos sino a los tiempos en los que esa canción era parte del repertorio del grupo Tiahuanaco (Ramón, Ángel, Jesús y yo) y la sensación de que el tiempo me buscaba la espalda volvió con fuerza. El acto terminó con la canción «Para la libertad» en la voz de Serrat y con letra de Miguel Hernández. Emocionante.