Frustración

En algún momento desee ser un político con proyección, modestamente soñaba como otros muchos con una labor social como diputado, o como director general de la cosa pública. No pudo ser y no voy ahora a hacer la crítica de porqué, en la que seguro que mi escasa valía personal jugó un papel importante. El caso es que con el espectáculo que están dando las formaciones políticas después del atentado-accidente-masacre de ETA si mi carrera política hubiera sido fructífera, ahora estaría pasando una vergüenza muy grande.

En otro orden de cosas y de manera más local ya está puesta en marcha la candidatura de los Verdes en Soto con quien fue colaborador mio y ahora es concejal: Juan Jiménez. A colación de una ayuda que he tenido que hacer en este caso, he tenido que hablar con Esteban Cabal quien me dice que mi ex-compañero de fatigas y antiguo senador José Luis Nieto, anda organizando la candidatura de ciudadanos por el cambio, en Madrid. Lástima. Nieto fue un luchador antifranquista como pocos y pagó con mucha cárcel su osadía y su dedicación a la causa de los más desfavorecidos. Desconozco si Manolo Lindo está en esta aventura con él o la prudencia le ha mantenido al margen del desastre.

De la terna política nada más. Los de Redverde siguen en la charleta cómoda de la lista de correo, a Jesús lo tengo perdido por terrenos zapatistas y me cuentan que la vieja guardia del PSOE que montó la comunidad de Madrid anda poco menos que jubilada o peor.


Releo los textos de Nacho y Mavi sobre Hegel y Kant y me temo lo peor; me temo que haya quien se asuste ante el nivel y no opine. Vale todo.


Releyendo mis cuadernos de ahora hace un año me doy cuenta de que poco a poco he dejado de escribir sobre mi mismo. El objeto de esta terapia era empezar a abrir las puertas y las ventanas y parece que o me he agotado o ya no necesito más. Nada más lejos. Aún os tengo que contar muchas cosas, por ejemplo como casi hace un año que arruiné a mi familia por creer ser más listo, más audaz. La maleta de los horrores tiene aún trapos.Estaba pensando en la frustración. En como cada uno de nosotros la asume, la asimila, la incorpora y hace de ella combustible para nuevos retos. Para mi hijo Serguey la cosa no es fácil. Ya hemos recibido notas del colegio que nos hablan de su poco capacidad de asumir los malos resultados, los contratiempos. Me honra en la parte en la que se hace merecedor del linaje y se parece a mi y me reafirma en la poca entidad de los genes para conformar el carácter, solo lamento que esa actitud le lleve a algunos callejones oscuros como me ha llevado a mi.

Se acabó la semana y como sé que estáis ahí os quiero dedicar la frase de cierre, lectores empedernidos.

Nunca supe si la verdad lo era.