Musas o musarañas

Birmania lleva bajo gobierno militar desde 1962. La Junta, encabezada por Than Shwe, ha sido acusada por los organismos internacionales de graves violaciones de los derechos humanos, incluido el desplazamiento obligatorio de civiles y el uso de trabajo forzado, incluido el de niños.

También se les imputa el organizar el tráfico de heroína a gran escala en colaboración con grupos guerrilleros aliados de los militares.

Las elecciones de 1990 fueron ganadas por Tin Oo, de la Liga Nacional para la Democracia, pero la junta militar nunca le dejó gobernar. El ahora anciano político está prisionero en la cárcel de Sagaing.

Y la líder del partido, premio Nobel de la Paz en 1991, Aung San Suu Kyi, ha estado bajo cautiverio de los militares casi todo el tiempo durante las dos últimas décadas.

Además, de las protestas de estudiantes y partidarios de la plataforma para la democracia, Birmania tiene un grave problema social provocado por las diferencia étnicas.

La discriminación contra las minorías Karen, Mien, Akha y Lisu ha sido brutal en muchas ocasiones y ha provocado violentos enfrentamientos y movimientos secesionistas, además de una crisis de refugiados en los países vecinos. De la BBC

No conviene olvidarse de que el mundo es enorme y casi tan grande como injusto.


Hubo un tiempo en el que me intrigué por el juego de los barquitos y su mecánica para poder tener ventaja en la contienda. De alguna manera me parecía que el orden de la flota no era indiferente al desarrollo del juego, y al igual que la flota española en Trafalgar maniobró de manera inadecuada lo que le hizo perder toda posibilidad de victoria, la disposición de los barcos en la cuadrícula, sus relaciones, su orientación me sugería algunas claves para mi. A pesar de parecer un ejercicio poco interesante, le dediqué algunas horas y di, la verdad sea dicha con algún que otro esfuerzo adicional, con una disposición de las naves que hasta la fecha me ha hecho invencible en cuantas partidas he jugado. Descubierta la clave, y pudiendo jugar con la parte psicológica del trasunto me dedique a experimentar un ejercicio consistente en realizar los mismos disparos que mi oponente, poniéndole en el brete, cuando al fin se daba cuenta, de disparar contra mi sin hacerlo contra si mismo. Lamento no poderos dar la piedra filosofal del juego que me guardo por si hubiera de vérmelas con vosotros en algún momento de tedio, pero os animo a utilizar la segunda estrategia para que podáis comprobar lo irritante de la situación y la superioridad que otorga a quien la usa. Y ya tan larga la charla y quizá habiendo perdido la esperanza de leer algo de interés os preguntaréis a que coño viene tanta frase, y es que hoy andaba yo buscando musas o musarañas que a veces de lo uno voy a lo otro, cuando estas me soplaron el armazón de una historia que me resulta atractiva: (No desprecio las andanzas de un varón en Rusia, ni el misterio que encierra un pueblo anclado en el tiempo), la historia tiene que ver con un escritor venido a menos que busca la forma de ir subsistiendo, trapichea con los textos, vende al mejor postor de los diarios sus cortos sobre cualquier tema, se apunta a las tertulias de aquí y allí y en estas que abrigado en su costumbre más castiza se da cuenta de que al tomar el vermut diario en el colmao de la plaza a sus oídos llegan historias de quienes discuten como de taberna y se enzarzan con lo dicho por otros. Avezado en el arte de juntar las letras y disponer las palabras de forma que su sentido se agigante y sorprendan, empieza a escribir una columna en un periódico local gracias a las influencias de una antigua amante que tuvo y no supo retener, que le dejo no sin pesar suyo por la tendencia a la melancolía que desde joven le había castigado el humor. Fuese así o por influencias directas con el director de la gacetilla, lo cierto y verdad es que en la columna que titula de manera sagaz, «Cazado al vuelo» empieza a reproducir con cierto orden los comentarios, las chanzas y sobre todo las opiniones de los tertulianos de la taberna. Al principio sin demasiado efecto, de pronto la cosa se anima cuando entre los habituales empieza a correrse la voz de que cierto periódico viene en decir casi lo mismo que ellos dicen a diario, en su última página, por un periodista que firma como Aurícula. Tachado de coincidencia, sin embargo el tema no cae en saco roto y es así que al poco tiempo no hay tertuliano que no lea la columna y se intente reconocer. Primero con gran esfuerzo, pues no siempre el sexo coincide e incluso muchas veces lo dicho parece distinto cuando se lee; después y poco a poco la curiosidad aumenta, más luego la vanidad se desborda y finalmente se instala entre los propios una cierta sospecha de que quien oye no ha de estar lejos. Estos y otros estados del alma se van reflejando en la columna de forma que su lectura produce en quienes son emisores y receptores de las mismas una cierta sensación de pánico, no ya a errar en sus debates con un chato en la mano, cosa de todas maneras ya acostumbrada, sino a no dar la talla en el blanco y negro y sobre todo introduce en cada uno de los afectados la sensación de hablar a voces para vaya usted a saber quién.Hasta aquí lo soplado por las musas. Me falta un remate adecuado y no se si en este dilema serán las musas, o las musarañas las que me den final conveniente al enredo.