Pequeñas historias pegadas al terreno

En muchos momentos buscamos cosas que realmente no necesitamos y en otras muchas ocasiones lo que es verdaderamente necesario viene a nosotros de una forma inesperada. Lo dramático es que casi nunca somos capaces de saber que es lo verdaderamente importante y es por eso que con frecuencia corremos tras del aire, de lo intangible. Hace unas horas Julio me ha escrito diciendo que estaba llorando. Llorando de felicidad porque le habían invitado en nochebuena a cenar. Julio está solo, tan solo que la expresión de su alegría es el síntoma de su situación. Nadie se merece una vida así, una vida rodeada de silencio, de ausencias. Pienso en quienes lo han invitado y aunque no les conozco comprendo que han sido sensibles, mucho más que yo, mucho más que todos los que conocemos a Julio y no le hemos invitado aun sabiendo que se encuentra solo.
No tengo una mirada triste sobre la vida. Lo juro. Las cosas se me muestran así.