Al final el silencio lo explica todo

El silencio es siempre más elocuente, más profundo, más explícito que todas las palabras. Los verbos confunden, despistan, los adjetivos esconden y los nombres se me aparecen arbitrarios.

El silencio lo explica casi todo o casi nada, que lo uno y lo contrario son lo mismo.


Cruzo la llanura castellana hacia el norte buscando Ponferrada y las tierras de León. Paso el Duero por un moderno puente y Medina y Tordesillas y Benavente y en Astorga paro a comprar mantecados. En Ponferrada la vega se abre de par en par. Al fondo humeante la térmica y para el resuello me como un botillo con verduras. El vino de la tierra no acompaña pues es fuerte y desabrido, la gente adusta. Por la tarde desando los pasos y me divierto con los nombres. El Voltoya me recuerda a Juarros y a Enrique y Ermila y entonces a Pedro y a Maribel, a la izquierda Segovia, a la derecha Ávila y tras pasar Los leones por las entrañas, Madrid te deslumbra. Tuerzo en el Collado y me dirijo a casa de nuevo, a las chozas. Me gusta viajar, sentir el país, mirarlo con mis ojos.