Un día de furia

Hay una fuerte polémica sobre las agresiones a los profesores. En Cataluña se manifestaron ayer y pidieron más autoridad, más seguridad, más apoyo. Nadie puede negar a los maestros y enseñantes en general que se merecen que nadie les pegue, que nadie les insulte, que nadie les maltrate, el problema es que la tendencia de los medios de comunicación es a mirar los problemas de manera sesgada, a no preguntarse que pasa para que esto se dé, no solo en la educación sino en la sanidad. En el centro de salud al que yo voy hay un cartel que dice que con violencia no se arreglan los problemas. Es en ese mismo centro de salud donde tardan meses y meses en conseguirte una cita para el especialista, es ese mismo centro donde cuando te pones enfermo y pides cita te la dan para la semana que viene, es ese mismo centro donde los profesionales son de reconocido desprestigio, sin apenas conocimientos.

El nivel académico de los enseñantes es bajo, su preparación pedagógica peor, en muchos casos la vocación es una palabra inexistente y muchos padres sufrimos como nuestros hijos nos cuentan cosas que nos ponen los pelos de punta.

Claro no todos los enseñantes son una basura ni los médicos unos inútiles y como hay que ser políticamente correcto no puedo por menos que reconocer el esfuerzo ímprobo de estos esforzados empleados públicos cuyo resultado es que los ciudadanos se sienten absolutamente desatendidos en sus encesidades básicas. Ya sé, en la parte privada es aun peor. Ahí tenemos los contestadores automáticos: «pulse 2, diga buuu», los servicios técnicos que nunca te atienden, Las reclamaciones al vacio, los seguros que no cubren tus problemas, las incomodidades en el aeropuerto porque a los americanos les secuestran aviones, un defesnsor del pueblo que se dedica a defender la memoria de su hermano y a olvidarse del resto del pueblo y alcaldes empeñados en hacer tantas obras como el presupuesto de los próximos 40 años aguante.

No somos ciudadanos sino consumidores, nos han obligado, nos han timado y la indignación crece. Como dice Humet solo nos queda «esperar y ver si crece, la gran bola de nieve, que se levanta por doquier».

Nada justifica pegar a un profesor, ni a un médico, ni a nadie, es verdad, pero si no intentamos explicar porque pasan las cosas y si no cambiamos realmente lo que está mal, la bola crecerá y no habrá policías suficientes para cuidar las aulas, los centros de salud, los aeropuertos.