Declaraciones de principios o de finales

Hace mucho que decidí vivir con lo que tenía, si es poco, vivir con poco, si es mucho disfrutar de la abundancia y guardar para cuando la vida te golpea. En las relaciones personales aplico la misma norma. Siempre quiero el cielo, aspiro a lo máximo, deseo no recordarme como un cobarde, como alguien que no dijo lo que sentía, me gusta vivir con un pie al otro lado de lo cotidiano, me atrae el lado oscuro, la trasgresión, no creo que nada esté mal si el motor es el cariño, el amor, la amistad y la voluntad no es herir sino hacer feliz, pero sé que casi nada de esto es posible y casi todo resulta demasiado complejo como para vivirlo de una forma que no sea perturbador o que no se deteriore en el tiempo y además he comprendido que con el tiempo añoramos una vida tranquila que nos permita dormir sin preocupaciones. Tomo lo que se me ofrece y no pido nada, doy lo que se me pide y no apunto el saldo. Hasta ahora he salido perdiendo o por lo menos esa es mi sensación, aunque como buen ser humano seguramente mi mirada es egoísta y subjetiva, pero ya no quiero cambiar, me reconozco bien a mi mismo en esta actitud, me hace íntimamente feliz y además tengo la esperanza bíblica, yo que no soy creyente, en que todo lo que doy me será devuelto cien veces.