Día de perros

Me cuentan que hoy Madrid ha sido un caos absoluto, lo que ha propiciado que la gente, la mayoría de la gente, tuviera un día pésimo. Atascos, inundaciones, retrasos en los transportes públicos, coches que te salpican mientras esperas el autobús. En medio de todo esto, los agentes de movilidad ¡qué eufemismo! bregaban con más propósito que resultado. Las ciudades tienen esa cara y esta cruz, concentran lo mejor y lo peor. Yo no soy capaz de vivir en ellas, me he acostumbrado a un ritmo algo más relajado y cuando me veo obligado a entrar, me enfado, me irrito y es raro que no pague con alguien mi desagrado.

Mañana el día será más fácil una vez acostumbrados a que la lluvia lo llene todo.

Yo hoy apenas tengo fuerzas para escribir una letras y pienso que a mi edad la mayoría de mis amigos no se ven en los tragos que yo me veo. He debido equivocarme en algún momento o es posible que en varios.


Por primera vez, Román se arrepentía de haber descolgado el teléfono la noche del 2 de abril de 1983. Lotán que luego resultó ser el capitán Ruiz Martín sostuvo con él una conversación que pasado el tiempo resultaba poco menos que surrealista. Seis meses después y a todos los efectos estaba enrolado en el servicio secreto español y su vida empezaría a discurrir en dos y a veces tres planos distintos, incomunicados, paralelos y frecuentemente opuestos.Al principio fue emocionante y colmó hasta el escaso espíritu patriótico de aquél muchacho que sintió que el pais dependía de él. Luego los frecuentes viajes, la tensión y la dificultad para tejer una red normal de relaciones que le apoyaran en los momentos bajos habían mermado mucho su moral. La puntilla fue el cambio de gobierno que por primera vez le puso ante la tesitura de pensar para quién trabajaba realmente y en medio de esta sensación extraña, había reaparecido ella con una fuerza semejante a una ola golpeando contra la playa.Como había echo en otras ocasiones prefirió no pensar en el futuro y se marchó por enésima vez de viaje a Rusia bajo el manto protector de la empresa que lo encubría y que le permitió dejar un mensaje en el buzón de voz de Miranda: «Me ha surgido un viaje imprevisto. Dos semanas mínimo. A la vuelta te llamo. ¿Te gustan los huevos fritos?»