Pongamos que hablo de Madrid

El espectáculo de la candidatura de Bono al ayuntamiento de Madrid es un clásico en el repertorio de cagadas de los socialistas españoles. No vivo en Madrid y por lo tanto no me ha afectado como votante, por otro lado no voto al PSOE desde el año 1982 así que tampoco en este terreno me he sentido afligido por el asunto, pero si es verdad que me hubiera gustado ver como el gran impostor que es Gallardón hubiera perdido las elecciones. Lo intentaron con otro personaje del tipo rinconete y cortadillo y la cosa ha acabado en cuchufleta. Ya solo nos falta saber quién va a hacer el papelón de sustituir al compañero Bono. (Y pensar que se quedó apenas a unos votos de Zapatero)
Los británicos quieren pirarse de Irak lo antes posible. Es lo normal, ahora, que al militar que lo ha dicho, si se le puede degradar en el ejército de su majestad, lo van a llevar hasta el mínimo en la escala. Dice Lancet que van unos 600.000 muerto locales en Irak. ¡Vaya usted a saber! Cada uno de esos muertos es un recordatorio de la foto de las azores, sus protagonistas, sus ideas.


Desde que Román descubriera que su bizcocho de almendra abrió de par en par no solo la voluntad de Miranda sino sus piernas y le regaló la tarde de sexo más agradable que recordaba desde que descubrió los placeres de la carne, no hacía sino pensar cual sería la siguiente receta que les llevara un paso más allá y mientras, cavilaba sobre el hecho de que casi todos los tópicos son como minas antipersonas en esto del sexo. Él siempre había leido que la penetración no es lo primero, ni lo más importante, ni siquiera necesario, así que se dispuso para una panoplia de caricias, manejos y delicadezas muy opensadas tanto en la intensidad como en el orden para retrasar o incluso obviar tan supuestamente desgradable situación. Apenas unos minutos depués Miranda que se había dejado hacer con cierta dosis de paciencia le dijo: «Métemela, Román» y los planes se fueron al garete y la preparación se desbarató y entre idas y venidas Román juraba no volver a creerse nada de lo que dijera la tele.Algo menos preocupado con no ofender, y sobre todo reconfortado porque cuando ella se despidió y mientras le besaba le susurró que estaba deseando saber cuál era el menú del próximo día, empezaba a parecerle más fácil encontrar el punto G, que un plato que sirviera de trampolín para un segundo encuentro.Sabía que tenía que tener azafrán, eso era casi obligado y que no podía ser comida demasiado refinada. Cuando hay que explorar las posibilidades lo mejor es tocar en el fondo cuanto antes. ¿Con cuchara?

Era inaudito, llevaba casi un mes sin llamarle por no saber que cocinar y cada vez que la memoria le traia una a una las veces que culminaron aquella tarde, pensaba que resultaba ridículo no poder disfrutar de la piel más hermosa que nunca había besado por no saber que cocinar.