Al calor de uno mismo

No es fácil que los días sean redondos, buenos, amables pero en todo hay excepciones. Hoy, además de recibir los buenos días por la mañana, he descubierto que las semillas de palmera que recogí en un agradable paseo por el puerto de Fuengirola con María y Jose, han germinado, lo que me hace pensar que tendré tres o cuatro palmeras más el año que viene y si esto no fuera suficiente, mientras volvía de trabajar me he encontrado en la carretera de Guadalix a un hombre que braceaba para que parara. Me he parado y se ha acercado a mi con cara de sopresa y agradecimiento (supongo que mi aspecto le habrá dejado algo descolocado); su coche se había estropeado y llevaba veinte minutos intentando que alguien parara sin conseguirlo. Me ha pedido el teléfono, ha llamado y después me lo ha devuelto diciendome, es usted una persona formidable. Sé que no es verdad, pero por un momento he sentido orgullo de mi mismo.

También me he enterado de que Corea ha explotado una bomba nuclear, que Putín o sus amigos se han cargado a una periodista que no gustaba al poder, que sólo el 25% de los españoles somos republicanos, que la ultraderecha se agiganta en Bélgica… pero hoy me tocaba mirar hacia dentro, al centro de mi ombligo y confortarme con el calorcillo de mi mismo por una vez.