Recogiendo el fruto

22 de septiembre. La cuerda de la Najarra se dibuja perfectamente nítida contra el cielo azul de otoño. Sobre el hueco de San Blas dos nubes perfectas, blancas, hinchadas, proyectan sombra y auguran lluvia. El Guadarrama me espera cada tarde para reconfortarme, pero ahora, en otoño, se me demuestra espléndido como yo lo viví cuando jóven.

La tarde se acurruca en la loma del mediano y yo me sosiego y disfruto. Ojalá la lluvia me regale los oidos y así, aturdido, me duerma feliz como si fuera no pasase nada.