Física cuántica

¡Ya está bien de vacacaciones! Dos días sin escribir y se me acumulan las palabras y las noticias y los sentimientos y no es cosa de indigestarse.
Fidel Castro está enfermo y ha pasado los trastos a su hermano. No es cosa baladí que un dictador como Castro deje el mando aunque sea de forma transitoria aunque se me escapa el verdadero sentido de lo que está pasando. En estos casos siempre se recurre a diferenciar entre quien manda y quien es mandado para matizar las posturas. «Yo no soy antiamericano, pero critico la administración Bush». Me resulta manido. Yo creo que si soy antiamericano, en general no me gusta su estilo, sus productos, su forma de ver el mundo y la religión y como no tengo obligaciones de tener pensamientos políticamente correctos prefiero no engañarme.
La izquierda española ha sido castrista o mejor, cheguevarista de siempre. Yo también. Así que esta situación es intelectualmente confusa para mi. Está claro que no me gustaría vivir bajo la tiranía del comandante, pero el ejemplo del bando contrario no me ayuda a comparar sin perder el cariño.
Los cubanos deben tomar la palabra, los de dentro más que los de fuera, se lo merecen, como se lo merecían los del interior del PC más que los franceses. Luego vino Carrillo con los suyos y arrasó. Hasta la fecha.

Viendo Million dollar Baby pienso sobre la lealtad y lloro, es lógico, es una película hecha para que el espectador llore si no tiene pelos en el corazón. Yo soy muy llorón con el cine, por eso me gusta verlo solo, para no cortarme y llorar a moco tendido sin que mi hombría se vea muy mermada. Me emociono cuando alguien hace algo gratuito por los demás, cuando se compadece o cuando cambia comodidad por lealtad.
La lealtad es un bien escaso y tremendamente necesario. El amor también, pero cuando se acaba, todos entendemos el desapego. La lealtad es costosa porque casi siempre resulta ingrata y en el fondo porque no sabemos hasta que precio de lealtad hay que pagar. La lealtad no es la amistad. Viendo Million dollar baby pienso sobre la soledad, sobre las personas que viven sueños pequeños, cotidianos y me gusta especialmente porque los personajes no hablan demasiado. En un momento Clint Eastwood le espeta con rabia a Morgan Freeman que la culpa es suya. La imagen es tremenda, dos hombres que se quieren realmente, lealmente, discuten como solo se discute con quien amas. El resto es abrumador.


Le dije a Pili Lillo el otro día que cada vez me importa todo menos, salvo las personas. Se emocionó y me dijo que ella había sufrido mucho porque desde siempre había sido su afán y había sufrido la incomprensión de los demás. Me sorprendieron más cosas de Pili, que era, que es una mujer muy hermosa, cuando me insinuaba que su juventud fue en parte penosa por no ser el centro. ¿Si ella no era el centro, qué éramos los demás?. Está anotada en mi libreta para hablar con ella más tranquilamente. El libro sigue en mi cabeza y las mujeres a las que quiero sonsacar se perfilan.


Ame me tienta con la física cuántica. Ella está emocionada y es comprensible. Yo he oido campanas así que le sigo la conversación y me habla de un libro recomendable y como ya solo me queda por leer uno de los libros que me compré al inicio de las vacaciones lo mismo me lio la manta a la cabeza.