Echando cuentas

La memoria es una compañera infiel, al menos la mia y me abandona con mucha frecuencia o quizá sea yo quien la esquive. Bien por lo uno o por lo contrario, hoy Raquel me ha recordado que hacía 24 años que nos fuimos a casar al juzgado de Carabanchel, a estos efectos ubicado en la calle de María de Molina. Es bastante tiempo, sobre todo mirado así con perspectiva y en general un tiempo un fructífero, amable, en muchas ocasiones pleno y absolutamente satisfactorio y casi siempre un tiempo bien empleado.
Tengo la sensación de que mi generación no es de romper los compromisos, aunque debo matizar: no romper los compromisos en lo que realmente es importante y es por eso que la mayoría de las parejas que conozco, con las que he crecido, sobreviven al tiempo como los muebles de maderas nobles, embelleciéndose.
No hemos sido fieles el uno al otro con la devoción que las iglesias esperan y de la misma manera hemos sido comprensivos cuando el otro buscó refugio en brazos más confortables. Nos hemos acomodado al otro, acostumbrado y hemos sido barro y manos, piedra y cincel a la vez, así que ahora nos conocemos, nos reconocemos y con ese amor de obra y autor estamos sutilmente unidos, inseparables y nos hemos dado la distancia que necesita cada árbol para crecer, para enraizarse y nos hemos enseñado a disfrutar del cuerpo del otro con fuerza, con atrevimiento y con paciencia.
En lo que a mi respecta soy un deudor, pero eso es harina de otro costal.

Por lo demás poca cosa, me cuenta el actual concejal de los verdes que hace unos días me pidió ayuda para escribir un texto para la revista de fiestas del pueblo que igual que me hicieron a mi en el año 1995 a él le han dicho que ese texto no se puede publicar, que no esperaban eso de él, que…. Vamos que se trataba de decir lo de ¡Viva la virgen de no se que hostias! y ¡Felices fiestas! y a nosotros nos ha dado por decir que estamos preocupados por el futuro de nuestro pueblo, el territorio, el paisaje. Tengo yo ganas de saber cuando a uno se le quitan las ganas de ser díscolo.


Fiesta la semana que viene con la visita de amigos desde el sur. Me temo lo peor: charla, cervecitas, paella, piscina y todo ese rollo que trae la gente que te quiere. Me hago viejo a pasos agigantados. Cada vez disfruto más con los amigos.