Laberinto

Visitar a los enfermos. Lo recuerdo perfectamente cuando don José María, natural de Cuevas de Alamanzora nos hacía recitar las obras de misericordia corporales, como una retahíla …dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino…. ¿cómo ha derivado esta iglesia de tan buenas bases en semejante cosa? Es igual, el caso es que ayer queriendo o no estuve cumpliendo con mi obligación de buen cristiano y visité a Yolanda, que tiene leucemia y quince años. De lo primero parece que va a salir, touché, que dirían los franceses, pero viva al fin y al cabo, de lo segundo ya veremos que la adolescencia es tremenda y deja secuelas imborrables. Está bien después de su última recaida, sin pelo, ligera y engañosamente lustrosa debido a que las medicinas la hinchan sutilmente, su enorme sonrisa, sus ojazos redondos, tostados que lucen imponentes bajo ese pañuelo que se coloca coqueta para ocultar su calvicie, me dicen que la cosa va bien.
Ángeles, su madre, su ángel, que posee una vena mística de no te menees le ha construido un laberinto sanador con piedras, en la cañada, sobre un pequeño montículo a los pies de la mole impresionante del Guadarrama, ligeramente elevado y dominando con fuerza el valle y al fondo la inmensa ciudad de Madrid. Quiere que todos los días Yolanda recorra el laberinto y que su fuerza sanadora actúe sobre su cuerpo, pero Yolanda es más escéptica, o más jóven o no tiene tantas fuerzas para caminar hasta allí todas las tardes cuando el sol deja de ajusticiarnos y no siempre va. Por eso yo le regalo hoy mi laberinto que lo mismo no sana tanto, auque vaya usted a saber, pero se puede recorrer desde tu cuarto, sobre tu propia colina, a los pies del Guadarrama, dominando la ciudad