De puntillas

Mañana iré a trabajar; previamente dejaré a mi hijo en el colegio, y como el resto de los días de los últimos años pondré lo mejor de mi, o casi, al servicio y para el beneficio de otro. Como yo, mañana la inmensa mayoría de los españoles haremos lo de todos los días porque los ciudadanos tenemos costumbre de pasar las fechas históricas, las que mandan girar los destinos del mundo, con una sencillez que casi asusta un poco.
A lo mejor mañana es el primer día en el que eta deja de preparar asesinatos, a lo mejor mañana algún vecino de Oyarzun o de Lekeitio pensará que ya puede hacer volver a su mujer o a su hijo a la casa de aita. O a lo mejor no, quien sabe, pero sea lo que sea los españoles de a pie como los ciudadanos de cualquier otro pais, como los vecinos de Bagdad o los indios de la zona de Chiapas entraremos en la historia de puntillas, afanados en lo propio, y gracias a esa actitud distante haremos posible esa historia que luego se escribirá relevante, gloriosa y sobre la que algunos presuntuosos hablarán en entrevistas de radio explicando con todo lujo de detalles como vivieron aquél momento. Es lo que tenemos la gente común, que nos hacemos sujetos políticos de la historia como si la cosa no fuera con nosotros, o como si a pesar de ir contra nosotros no nos importara y así será posible otra vez que ocurra lo que le ocurrió a una libanesa que conocí hace años, cristiana, enfermera, que me contaba como cada día en medio de la guerra tenía que pasar fatigosamente las líneas de lucha para trabajar.
El PP está siendo traicionado por lo que los que saben de esto llaman la PNL Hablan por su boca, pero sus cuerpos dicen lo contrario y lo que recibimos los televidentes es que mienten. No están contentos, no están felices como la mayoría. Se les nota.