El mundo al revés

«en los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles, y disputan los restos de comida con los buitres; se sumergen en el mar de Java, buscando perlas; persiguen diamantes en las minas del Congo; son topos en las galerías de las minas del Perú, imprescindibles por su corta estaura, y cuando sus pulmones no dan más, van a parar a los cementerios clandestinos; cosechan café en Colombia y en Tanzania, y se envenenan con los pesticidas, se envenenan con los pesticidas en las plantaciones de algodón en Guatemala y en las bananeras de Honduras; en Malasia recogen leche de los árboles del caucho, en jornadas de trabajo que se extienden de estrella a estrella; tienden vías de ferrocarril en Birmania; al norte de la India se derriten en los hornos de vidrio, y al sur en los hornos de ladrillos; en Bangladesh, desempeñan más de trecientas ocupaciones diferentes, con salarios que oscilan entre la nada y la casi nada por cada día de nunca acabar; corren carreras de camellos para los emires árabes y son jinetes pastores en las estancias del rio de la Plata; en puerto príncipe, Colombo, Yakarta o Recife sirven la mesa del amo, a cambio del derecho a comer lo que de la mesa cae; venden fruta en los mercados de Bogotá y venden chicles en los autobuses de Sao Paulo; limpian parabrisas en las esquinas de Lima, Quito o San Salvador; lustran zapatos en las caslle de Caracas o Guanajuato; cosen ropa en Tailandia y cosen zapatos en Vietnam; cosen pelotas de fútbol en Pakistán y pelotas de béisbol en Honduras y Haití; para pagar las deudas de sus padres, recogen té o tabaco en las plantaciones de Sri Lanka y cosechan jazmines, en Egipto, con destino a la perfumería francesa; alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche, y cuando alguien llega a rescatarlos, preguntan: ¿Es usted mi nuevo amo?; vendidos a cien dóalres por sus padres, se ofrecen en Sudán para labores sexuales o todo trabajo… Pero el mercado laboral reproduce en las niñas la discriminación que normalmente practica contra las mujeres: ellas, las niñas, siempre ganan menos que lo poquísimo que ellos, los niños, ganan, cuando ganan algo.»Patas arriba La escuela del mundo al revés