Olores

Entre quienes bajan el tono por la astenia y quienes, por fin, se desperezan del frio y ven la vida más interesante, más llamativa, más soportable, la primavera se abre hueco. Otros, Zaplana en este caso, hacen parlamentarismo de bodevil, a papirotazos, tirando chinas a los ojos del contrario, buscando el foco de la betacam con obscenidad y consiguiendo para su desgracia y la de su partido el levantamiento de las huestes socialistas. A los políticos que quieren llegar a algo les deberían infiltrar en casa de una familia del otro bando durante unos años. Así, viviendo ese mismo aire que respira el contrario es posible que supieran como hacer política para ganar votos. Zaplana seguro que no conoce, de verdad, a nadie de izquierdas. No toma cañas en un bar donde los trabajadores se caguen en el patrón a la segunda copa, no escucha los comentarios de la vecina que está enamorada de su líder socialista de pro y se cree que cuando insulta a la vicepresidenta del gobierno gana votos. Gana hooligans entre los suyos, pero ni un solo voto.
Yo soy de los convencidos de que el PSOE repetirá victoria. Desgraciadamente es posible que hasta con mayoría absoluta si el equipo dirigente del PP sigue siendo el que tienen hoy, que no da lana ni para una pelota.

Hablaba de la primavera y es que esta tarde he andado entre los frutales oliendo las primeras flores de los ciruelos, la violeta del pruno, la amarilla de la mimosa. Aún apenas huelen. Hay que acercarse, casi hasta tocarlas, o inclusive, y en un instante se revelan, leves, intensas, evocadoras. Ya queda menos para poderme tumbar desnudo en la hierba y disfrutar de mi mismo.