Papeles

Ahora que está nevando con esa cadencia melancólica que tiene la nieve cuando no hay viento, encerrado en casa y rebuscando entre viejos papeles, fotos, cartas, documentos me he dado cuenta de las pocas cosas que guardo de mi pasado. He sido un escritor impenitente y no conservo ni una sola carta de la mujeres a las que amé o a las que dije amar. Apenas algunas fotos, que vistas en perspectiva se me antojan hechas a borbotones, sin constancia. Se salvan de la pérdida todos y cada uno de los poemas que escribí, aunque más bien creo que es producto del celo de Raquel a la hora de hacer inventario. Podría emboscarme tras el hecho de que me he mudado cuatro veces, pero no tiene nada que ver.
Alguna vez he tenido el debate sobre el apego a las cosas con mis amigos y casi siempre tengo la sensación de que los hombres somos más descarados con la memoria que las mujeres y n o se si por dejados o a propio intento, arrastramos en nuestra concha muy poquitos testigos materiales de nosotros mismos. Yo soy muy amigo de las hogueras de San Juan y en en toda mi vida creo que no he guardado ningún objeto, ni carta, ni escrito ni amuleto, así que la sensación que hoy tengo sobre mi mismo es que viajo, como dijo el poeta: «ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar». Es una actitud que me ha llevado en mi vida profesional a ser reconocido como el que menos papeles tenía sobre su mesa. La fe sobre el presente como único referente cierto de la vida.
Soy un hombre solitario, mal que me pesa, pues creo que el único aliento necesario es el contacto humano y disfruto como nadie de la compañía, de la charla, de la amistad, de hacer reir a los demás, del sexo…
Esta noche mientras velaba en medio de un vendaval intenso, asustado como siempre que sopla el viento, pensaba en mi, y pensaba en vosotros. ¿Es posible saciar la sed?