Doble rasero

Corría el año de mil novecientos….. ni me acuerdo, cuando yo estaba trabajando en la central nuclear de Novovoronezh (Rusia) y siendo del todo preciso, en su centro de formación, y tuve la ocasión de compartir retrete con un Iraní. Es verdad, dicho así resulta entre escabroso y cómico, pero lo cierto es que en aquella época los retretes rusos en general eran muy, muy asquerosos y como yo estaba en aquel centro de formación en calidad de experto de la unión europea, Irina que así se llamaba la intérprete que me asignaron, consiguió para mi uso personal un retrete en la zona vip del centro que tenía llave y lo que era aun más sorprendente tenía la tapa y el asiento forrados de cuero. Si, habéis leído bien, la taza estaba forrada de cuero negro, lo cual se agradecía, y era un claro ejemplo de como se tomaban los rusos las cosas cuando se trataba de equivocar el tiro.
Aunque este detalle añadía algo de exótico al retrete lo más importante es que contaba con un rollo de papel higiénico de color blanco y tacto suave con el que limpiarme después del acto y no como en el resto de retretes con una cajita de recortes de periódico de un tamaño que ponía a prueba tus habilidades digitales.
Entre sesión y sesión yo vagaba por aquellos pasillos vips fumándome un cigarro y haciendo ganas para usar la tapicería del retrete, cuando de pronto apareció ante mi un grupo de personas, al frente de las cuales se situaba un hombre de barba blanca, alto, con turbante negro y vestido del mismo color y que durante un instante confundí con el Allatola Jomeini. Algo más delgado y joven el citado iraní no era sino el jefazo de una delegación que estaba en Rusia negociando con el poderoso ministerio de energía la compra de una o varias centrales nucleares. No recuerdo si entonces había embargo o similar pero si se que ante mi extrañeza, Irina me comentó que los rusos independientemente de lo que dijera USA y la ONU siempre habían tenido buenas relaciones con los iraníes y dada la penuria que estaban pasando se sentían con la libertad de vender tecnología nuclear a quien les diera la real gana.
Esta enorme y algo escatológica introducción, enmarca desde mi personal vivencia, la actual crisis que Irán ha generado con su decisión de proseguir su programa nuclear. Esto viene de lejos y a todo ello no es ajena la historia de los dos bloques militares que después de la segunda guerra mundial se repartieron el mundo. Atentos al Kremlim (castillo).

De mis conflictos personales nada demasiado nuevo, esperando que las denuncias hagan su efecto y preparándome para empezar a trabajar de nuevo la semana que viene. Se acabó la vida de padre de familia.

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