El futuro

La ciencia avanza que es una barbaridad y acompañando a la ciencia el ser humano se acomoda y resiste. Muchos ancianos que viven solos en grandes ciudades padecen el síndrome de Diógenes al que los médicos han popularizado como siempre tergiversando. Coetáneo de Aristóteles lo que predicó era la austeridad y no el recoger cosas inútiles para guardarlas en un piso de lavapiés. Me piro. Me voy de lo que quería contar que no era la vida y obra de Diógenes sino cómo este trastorno del ser humano se ha modernizado, actualizado, digitalizado.
Los nuevos Diógenes estamos en la red. Aislados en nuestra pantalla, silenciosos vamos llenando nuestros favoritos con sitios que no nos sirven para nada, nuestros megadiscos con ficheros inútiles, fotografias obsoletas, Powerpoint guarros que ni siquiera abrimos.
Las manifestaciones del síndrome de Diógenes son el abandono social, la reclusión, la falta de higiene y la acumulación de basura en casa.
Tengo un buen amigo cuyo ordenador es así, un claro ejemplo, pero no es el solo, muchos acumulamos bites con la sensación de que nos serán útiles en algún momento, para vivir en la sensación de que somos pobres de solmenidad.
Yo no soy de esos. Lo tiro casi todo. Las cosas pierden su valor rápidamente para mi y me apunto a la idea que oí el otro día de alguien que decía no querer guardar nada por si no le servía en el futuro. Es una buena idea. Seguramente en el futuro casi nada de lo que tenemos ahora nos será útil.

He heredado. Libros, muchos libros y ahora lucen vetustos, leidos en mis estanterías.