El niño republicano

«El odio es un sentimiento noble. Cuando alguien te dice que te ama, puede estar engañándose o engañándote a ti. Si te dice que te odia, jamás te miente. Y si tu sientes que odias, es porque odias.»
Me envía mi amigo Pedro un texto de Elvira Lindo que refleja en bastante medida lo que nos pasa a muchos. Ahí va:
Hagámoslo a la manera americana. Levantémonos de la mesa del gran banquete nacional y animados por el alcohol de la comida actuemos como actúan los comensales borrachos, sin medir lo que dicen. Alcemos la copa, aproximemos el micrófono a los labios y empecemos diciendo: enhorabuena, enhorabuena a todos de corazón. Enhorabuena a los nacionalistas que han tenido la habilidad de tener a un país veinticinco años en jaque, y lo que te rondaré; enhorabuena a los socialistas, que nos hicieron cambiar tantas veces de opinión, ¡olé su arte! A veces nos animaron a criticar a los nacionalistas, apelando a la idea intrínsecamente solidaria del pensamiento de izquierdas, y ahí estuvimos en primera fila, pero luego, ay, luego, se produjo un cambio y tildaron de carcas a los que no veían en el nacionalismo la corriente de los nuevos tiempos; enhorabuena a la derecha que echa mano del discurso más agresivo para no correr el peligro de que gente razonable les tenga la más mínima simpatía; enhorabuena a los que escribimos porque nos hemos alineado en uno u otro equipo con una fidelidad y una vehemencia que parece que estemos siempre en la final de un campeonato de futbito; enhorabuena a los que saben decir lo que su clientela cautiva está esperando; enhorabuena también a la clientela, que desea que el partido al que vota dirija sus opiniones; enhorabuena a los que desean que los periodistas estén al servicio del equipo A o del equipo B. Enhorabuena, está prácticamente conseguido. Enhorabuena porque así todo es mucho más sencillo. Si eres del equipo A tienes el compromiso de asustar de vez en cuando con el peligro de la derecha franquista; si eres del B, con el de la desintegración de España. Y luego te bajas a tu bar, que también es de tu equipo, a que tus colegas te den palmetazos en la espalda de reconocimiento. Lo que es de tontos es no estar suscrito a ninguno de los dos equipos. ¿Qué consigue uno con eso? El vacío existencial. Los del B no te han querido nunca, y los del A, que son los tuyos, están hartos de que pongas tantas pegas. A veces se te quedan mirando fijamente y te dicen: «Es que hay gente que no sabe de qué vas». Es increíble, inaudito, lo dicen como si te estuvieran señalando un defecto.
Ha muerto Haro TecglenMe gustaba leer sus columnas, oirle en la radio y me alentaba ver como encoraginaba a los fachosos hasta los límites. Les recordaba una y otra vez lo que hicieron con la república y con los vencidos. Me gustaba Haro Tecglen y de vez en cuando usaba su diccionario de política.