Tipuana speciosa

Cada vez que tocamos a la puerta de los demás generamos un mundo de relaciones. Me ha escrito Javier, Mary, Mercedes y Lola y me han enviado semillas de árboles distintos, recogidas por ellas y él. Casi todas los sobres portaban las semillas y solo eso, pero Lola me ha escrito una carta amable, cariñosa en una pequeña hoja arrancada de un cuaderno de esos de espiral y con una letra menuda, redonda de las que calificamos de femenina. Con un castellano escaso pero suficiente me relata los tres tipos de semillas que me envía, la Tipuana speciosa , la más grande y con la que ella tiene experiencia pues ya la hizo germinar, otra pequeñita que llama llorón y otra más que me identifica como Poly pues la cogió del polideportivo de su pueblo. No me ha podido mandar las fotos de este árbol porque cuando fue con su cámara los habían talado todos, se disculpa y me dice que cree haber encontrado otros y que en cuanto pueda me mandará esas fotos para que yo intente reconocer el árbol. Me manda un beso y se despide y me deja el corazón en un puño y trato de recordar que semillas envié yo y porqué lo hice sin unas letras siquiera y por más que releo la carta no consigo saber si es una niña o una mujer aunque no lo creo pues ha derrochado generosidad de esa que se nos gasta con cada día que atravesamos. La he contestado, a ese email que me envió hace semanas con el subject «compartir es amistad» y he intentado ser amable, cariñoso para llegar a su altura, que vete a saber cual es y la he prometido que en primavera germinaré sus semillas y se lo haré saber y he llorado de felicidad, poquito porque soy un hombre y los hombres no lloran y menos por una nimiedad de este calibre.