Una de arena

Ya está. Mañana vuelta al trabajo, la vida normal, el síndrome de no se que… No se puede vivir de vacaciones eternas, sobre todo porque es carísimo, pero la sensación de que algo está mal organizado en la vida es obsesiva en estos momentos. No soy de los que se deprimen a la vuelta de vacaciones, al menos no más que un lunes cualquiera, pero como se que esta temporada va a ser crucial para mi vida, estoy algo nervioso, como un caballo que olfatea la tormenta.Grecia es un pais curioso. Empezando por su nombre que es distinto para los griegos (Helas) y para el resto de los mortales. Una semana da para poco, pero con ese empeño indestructible que tenemos los turistas en escrudiñar un país más allá de lo que lo hacen los paisanos, alguna cosa si que he conocido.Miles de playas semidesiertas, un mar cristalino sin apenas olas, un tráfico peculiar, una capital inmensa, desparramada durante kilómetros y kilómetros, fea y amable con miles de kioskos, bares, tabernas y vendedores ambulantes, joyas de nuestra historia en todos y cada uno de los lados por los que miras y un ambiente mágico cuando te acercas a lo que aquellos hombres hicieron. De los griegos poco puedo decir pues el contacto ha sido escaso y de las griegas igual y por dar el toque masculino no he visto una belleza especial en el paisanaje. Precios europeos, es decir caros y una costumbre verdaderamente hospitalaria que consiste en recibirte con una gran vaso de agua helada en cuanto te sientas en la mesa de una terraza. Digno de copia.
Acabo de leer que el PP va a reunirse para preparar su nueva estrategia. Tiemblo. La anterior me parecía muy buena, por lo menos para la izquierda ya que para el PP era suicida, pero vamos que lo mismo hay suerte y siguen sin acertar y pasamos la legislatura y repetimos en la siguiente.
Coral, una amiga flechazo acaba de tener un niño. Me envía fotos y a pesar de la frialdad de los correos electrónicos la noto ilusionada, me alegro pues la va a hacer falta toda la ilusión del mundo de ahora en adelante y sobre todo a Dani su hijo que por esos azares de la vida se ha convertido en catalán sin comerlo ni beberlo y ahora además de las penalidades propias del ser humano tendrá la de vivir en un pais en el que unos a otros nos miramos con recelo según el lugar del parto.