Sandwich

Alguien ha puesto varias bombas en Londres mientras su primer ministro era el anfitrión de la reunión del G-8, un día después de que esa ciudad fuera encargada de organizar los juegos olímpicos de 2012. Coincidiendo, aunque por casualidad, leo unas declaraciones de la mujer de Aznar diciendo que Madrid no consiguió el encargo porque Zapatero no se levantó el famoso día de las fuerzas armadas. Una de las características del radicalismo religioso es la impermeabilidad intelectual, poder permanecer inmune a la realidad, al análisis, a cualquier influencia exterior es condición para poder hacer lo de Londres y decir lo de la Botella. Estamos en un sandwich. Me refiero a los ciudadanos europeos. En un sandwich diabólico que nos constriñe entre dos barbaridades, dos ideas confrontadas y basadas en un cuerpo teórico inmune a la inteligencia humana. Rajoy ha dicho que esto demuestra una vez más que no se puede negociar con los terroristas, uniendo subliminalmente los atentados de Londres y ETA. Rajoy es un inmoral, o por lo menos ejerce de ello. Aznar ha emitido un comunicado que ni siquiera he oido en su calidad de, ¿en su calidad de qué?. Están en su salsa pues cuando los asesinos matan, sus justificaciones relucen como una espada toledana, se necesitan y se alimentan, se justifican y se buscan y entre medias andamos los ciudadanos. ¡Qué asco!

Os dejo con este maravilloso artículo del país:


David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash dieron en la noche del martes un concierto memorable en el Auditorio Stravinski de Montreux en el que repasaron sus más de 35 años de carrera. Según Claude Nobs, director del festival suizo de jazz, la presencia del legendario trío fue «un sueño hecho realidad». Ante un público ganado de antemano, Crosby, Stills & Nash ofrecieron una actuación fuertemente
cargada de contenido político y social, repleta de andanadas de grueso calibre contra la actual Administración republicana de Washington.

El tono reivindicativo de la velada quedó claro ya durante la actuación previa del también estadounidense Steve Earle, muy en la línea acústica y esencial del Bruce Springsteen de Nebraska. La presentación de las estrellas de la noche corrió a cargo de Claude Nobs, director del festival de jazz, quien aseguró que «traer a Crosby, Stills & Nash a Montreux es un sueño de más de 30 años, ya que son uno de los más grandes grupos de la historia de la música popular».

Un David Crosby en plena forma asumió la labor de portavoz del grupo con un humor ácido y acertado. La presentación de sus compañeros desde hace más de 35 años no pudo ser más clara. «Estamos aquí, en Europa, en el nombre de la otra mitad de EE UU; la que no ha votado por el chimpancé que ocupa la Casa Blanca», dijo Crosby. Las ovaciones hicieron temblar los cimientos de la gran sala.

Crosby, Stills & Nash parecen personajes salidos del bar de Moe de Los Simpson, pero desde el momento en que ponen sus tres voces a recrear las armonías que les han hecho célebres desde Woodstock, la hilaridad se acaba. Crosby explicó con su humor socarrón las funciones de cada uno de los miembros del trío. «Nash escribe los himnos inspiradores, buenos para educar a los niños; Stills escribe el mejor rock and
roll
posible, y yo me dedico a componer paridas raras que nadie entiende», comentó antes de explicar el secreto de la afinación de su guitarra.
«Afino la guitarra de una manera perversa y diferente, que seguramente en muchos Estados de América debe ser ilegal», afirmó ante la complicidad risueña de un público entre el que se contaban numerosos compatriotas.

Uno de los momentos culminantes de la velada llegó cuando los tres intérpretes cantaron No more war, tema que, como afirmó Nash, «últimamente nos vemos obligados a cantar más a menudo de lo que quisiéramos».

El tono entre festivo y de barricada del espectáculo, dividido en dos partes, dejó al respetable un inmejorable sabor de boca. El supertrío, que estuvo acompañado por una poderosa banda y no se limitó a lanzar consignas y hacer discursos políticos, demostró que son unos músicos como la copa de un pino cuya presencia en el festival está más que justificada. Crosby, Stills & Nash no viven sólo de la nostalgia sino que demostraron que están vivos y coleando.