Ataque integrista

Hoy han venido los integistas religiosos a casa. Primero han llamado por teléfono, han presionado, han intentado atemorizarnos, chantajearnos y en una palabra obligarnos a hacer lo que ellos querían. Por la tarde se han presentado, eso si, sin cura, pero con la intención de manejar, de presionar y de imponer. En le día en el que una gran parte de la población ha conseguido tener los mismos derechos que la mayoría, el esperpento de los miserables católicos interesados única y exclusivamente por satisfacer a su dios es una auténtica pesadilla.